"Alfonsina: Trap y Poesía" no es solamente una musicalización; es una pieza híbrida que escapa de la linealidad tradicional para habitar lo escritural desde el sonido, la voz y la imagen. El proyecto opera como una traducción cultural e intersemiótica, donde la voz de la poeta argentina Alfonsina Storni —nacida el 22 de mayo de 1892 en Sala Capriasca, Suiza— es recontextualizada en el ecosistema del Trap y el Reggaetón.
La propuesta es una remediación transmedia donde el soporte digital es, efectivamente, el mensaje (ver MarshalL McLuhan). Al inyectar la lírica de Storni en ritmos históricamente subestimados por la cultura hegemónica, esta obra busca disolver la frontera entre intelectualidad académica y pulsión popular urbana —una frontera que, en gran medida, siempre fue una frontera de clase. La colisión entre la sobriedad del texto lírico y la agresividad del dembow no es un gesto de contraste fácil: es la demostración de que la sensibilidad de Alfonsina fue, en su esencia, una vanguardia perpetua que el canon contuvo sin poder neutralizar.
La curaduría se centra en El dulce daño, publicado en 1918 por la Editorial Cooperativa Buenos Aires. Escrito cuando Alfonsina tenía 26 años y enfrentaba la maternidad soltera en una sociedad que la castigaba por ello, el poemario explora un erotismo y una carga pasional que conservan, más de un siglo después, una vigencia incómoda.
La operación es, en algún sentido, borgiana: el poema permanece idéntico en su letra, pero al habitar un nuevo tiempo y una nueva materialidad sonora, su significado se desplaza. "Capricho", leído históricamente como queja romántica, bajo el ritmo del neoperreo y el reggaetón industrial revela su verdadero sentido: una subversión política y de género que el contexto original sofocaba. El género musical no ilustra el poema; le permite mostrar la ironía que siempre estuvo ahí.
Se reivindica aquí el uso de la Inteligencia Artificial no como automatismo, sino como instrumento de experimentación sonora dirigido por una sensibilidad curatorial específica. La discusión sobre si la fotografía "competía" con la pintura ya fue saldada; hoy resulta evidente que los medios técnicos no invalidan la creación artística, sino que la obligan a precisarse. El valor de esta obra no reside en el uso de la herramienta, sino en su dirección: en las decisiones que anteceden y condicionan cada resultado.
La programación de prompts técnicos —especificando BPMs, texturas de Chacalón flow o distorsiones de linguistic glitch— funciona como una dirección de arte deliberada:
"Primavera" exigía la explosividad del dembow dominicano para traducir la vitalidad física del corazón en el poema.
"¡Oh, tú!" utiliza el cartoon trap para tratar las palabras como objetos sonoros, generando un humor lingüístico latente en el texto original.
"Risas" encuentra en el reggaetón mexicano y el heavy 808 bass la crudeza necesaria para elevar el dolor hasta la carcajada, sin resolverlo en ninguna de las dos.
El proyecto se presenta como un álbum-libro digital. El sitio web no aloja la obra: es la obra misma. La navegación imita el paso de las páginas, pero enriquecida por una interactividad que convierte la lectura en experiencia sinestésica: el texto responde al ritmo, la letra se mueve con el sentido.
En "Dime", la poesía visual lleva este principio a su formulación más precisa: la letra zumba al ritmo del Camoatí zumbador, empatando sentido semántico con animación programada. No se trata de un recurso decorativo. Es la apuesta por restituirle a la palabra escrita su carácter de evento físico —algo que la página, en su inmovilidad, había domesticado.
Este proyecto es, también, una postura vital. Las mujeres que somos creadoras, madres y especialistas en tecnología seguimos enfrentando una brecha de género que intenta delimitar nuestras capacidades en las fronteras del arte o de la ciencia, raramente de ambos al mismo tiempo. Reclamar el dominio de la vanguardia tecnológica para intervenir la obra de una mujer que desafió su tiempo no es un gesto meramente simbólico: es una continuidad, una forma de demostrar que esa historia no se archiva sino que se habita.
La apuesta por democratizar la "alta poesía" (cuyo ejemplo más exquisito de la presente curaduría sería, tal vez, el soneto alejandrino "Tu dulzura") no parte de la creencia de que el reggaetón necesite legitimarse con Storni, sino de la convicción contraria: que Storni gana algo real cuando sus palabras circulan por los géneros que les pertenecen a las nuevas generaciones por derecho cultural. La tecnología, en manos de una mujer creadora, no es un instrumento neutro; es el pincel de una sensibilidad que exige ocupar el espacio público digital con honestidad y con riesgo.
"Alfonsina: Trap y Poesía" es un homenaje a la palabra que se niega a permanecer estática. Abraza el riesgo de la hibridación no como provocación sino como método: la convicción de que la melancolía del siglo XX y la potencia tecnológica del siglo XXI pueden vibrar, cuando se articulan con precisión, en una sola frecuencia.
LIDYA COTA ABRIL 2026